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lunes 20 de julio de 2009

Imagina

Por un momento, olvida todo lo que está alrededor. Tranquilamente, vigila tu respiración, cómo el aire cae dentro de tus pulmones y cómo éstos se aprietan para dejar salir la contaminación, el calor y el vapor de agua.
 
En ese momento, piensa en todo lo que te hace feliz... fuera del trabajo, fuera de las relaciones de pareja, fuera de la familia, fuera de las aficiones, fuera de la diversión. Sigue respirando, ocupa tu mente en este momento. Siente los latidos de tu corazón en el cuerpo. Ahí donde se dobla, ahí donde se estremece, ahí donde se adormece. Sigue respirando, tranquilamente, observa con paciencia.
 
Cuando tomes aire, imagina el amor de dios entrando en ti... porque dios también se manifiesta en aire... imagina que esta luminosidad limpia lo que encuentra sucio... a fin de cuentas tú sabes que el oxígeno viaja por todo tu cuerpo a través de la sangre... piensa que con el dióxido de carbono que expeles también salen de tu cuerpo todas los pensamientos tóxicos, todo el cansancio, toda envidia, todo deseo impuro...
 
Piensa, por un momento, que estás solamente tú frente a dios. ¿Hay algo que quieras pedir, sugerir, reclamar, rogar? ¡Házlo! La paciencia de nuestro padre es tan grande que aunque no sepamos expresarnos él nos comprende -algo que ni entre los más desarrollados y sensibles de los hombres podemos hacer-
 
Sigue respirando... abre los ojos y observa: en cada persona que ves hay algo que es bueno para ti. En ti hay algo bueno para cada persona que entra en contacto con tu vida. Es hora de darlo. Sé perfecto... si hoy no puedes, sigue intentándolo mañana.
Hoy es un buen día para empezar a SER la obra de dios.

sábado 14 de febrero de 2009

Amor

Frase del día
El Amor es el significado ultimado de todo lo que nos rodea. No es un simple sentimiento, es la verdad, es la alegría que está en el origen de toda creación.
Rabindranath Tagore
enviar frase a un amig@ Amor
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domingo 3 de febrero de 2008

Con motivo de una disputa

Quiero pensar que tus palabras son ciertas; poner, sin dudar, por ti mis manos al fuego; acariciar la idea, atrapar el viento, oír el color de tu sonrisa recorriendo los días para caer, rendida y sofocada, en el pétalo púrpura, de rosa, de mi boca. Escuchar tu voz brillante, aroma delicioso que se desliza, húmedo, entre mis dedos gimientes. Besar tu frente santa y llenar de perfección mis labios; hervir en estrellas rosas que cuelgan de la blancura que llena mis manos que te acarician.

Quiero creer en ti. Quiero creer en tu promesa de resurrección. Creer que estoy vivo, vibrando y despierto… y dormido cuando te sueño. Quiero saber, sentir en mi interior, oír esa voz que siempre escucho cuando tengo un buen presentimiento. Presentirte heróica, plena de sabiduría, derrochadora de bondad, compasiva… comprensiva. Dormir mis sueños de inocencia al calor de tu seno y despertar vivo bajo el fuego de tus ojos, que me acarician sin piedad. Quiero mecerme en tus brazos y entregarme a ti, con todos mis deseos y promesas. Quiero mecerte en mi pecho que se abre en generoso gesto por ti; llevarte en lomos del viento al rincón de la luz más transparente, suavemente, con canción y poema, con voz que nunca se quiebra. Beber de tu sangre y que bebas de la mía; crear la simbiosis que no nos deje morir solos, que no nos deje vivir solos. Soy tuyo, tú de mí; Tú existes, yo contigo; Soy feliz, conmigo tú.

Quiero escuchar los pasos ligeros de la verdad arrastrándose por la casa; los rechinidos de las puertas que se abren y las que se cierran. Ya no más los cascabeles del escándalo, el mortal escarlata de la mentira que en viento frío me congela la sonrisa. No quiero oír los pasos estridentes de injusticia alguna acercándose a este rincón de luz que entre tu sonrisa y mi más inocente corazón construimos. Quiero ver crecer las pacíficas flores, delicadas, de la sabiduría en mi jardín. Oír una sola voz que todos entendamos. Saber que todo está bien, que este cambio es para mejorar. Todo estará bien. Mi voz es pequeña y humilde. En un hilo de araña pende, sin temor, de una estrella luminosa; el sol ilumina el hilo, mi voz tiembla y se desprende en vertiginoso vuelo, en una caída que incluso la libertad no comprende: Mi voz sigue sus propias reglas. Mi voz ama la verdad y ama la vida, la llama viva que, al conocer de una injusticia muere un poco, con la madera de ambas intenciones, tuyas y mías, y acciones se alimenta. Podemos tú y yo estar juntos y hacer de la verdad y el compromiso con el mañana, una vida; Llenar de alegría y belleza este cajón de arena y sol; porque en este sueño pasajero tenemos fin; porque en este amargo trago lo más dulce son tus ojos, que pueden ver; tus oídos, que saben escuchar; tu voz, que se levanta majestuosa para llenar de verdades el desnudo lienzo de la realidad.

Del Poema

Largos días y nuevas noches sin pena; luz de estrellas que brillan, fulgurantes, sin prisa ni concierto a simple vista. Este día fue un día hermoso, aprendí a tener un poco de paciencia y a amar mi impaciencia, porque resulta que ésta no es intolerancia, es más bien, como un par de gafas con las que ves las cosas de diferente manera.

Hay momentos, como este, en que deseas con una fuerza inmensa alcanzar los lugares por donde el tiempo no pasa, sentarte ahí, nomás a contemplar el oleaje incesante de la vida, y sonreír, con esa amplia sonrisa de sol o luna, replandesciente. En momento así, el impulso creador mitiga, hasta extremos mortales, hambre, sueño y deseo carnal, con tal de rozar el dorado borde de la túnica exquisita de la eternidad, que pasa contoneándose como una dama hermosa que luce la riqueza de su vestimenta luminosa y la gracia inimitable de su figura esbelta y deseada. Te olvidas, en medio de un extraño sopor, de todos los sufrimientos del día y dejas que la pluma abra camino en el lechoso manto del papel inexplotado, la selva virgen de la nueva combinación de imágenes se abre ante la dorada llave de los ojos de tu imaginación; entonces las palabras se electrizan, llenas de vida, corren en manadas atolondradas que serpentean por el aire, luminosas, para caer con toda su fuerza, en la mullida superficie de lo común, levantando piel, derramando lágrimas y sangre, para reventar en poema incontrolable, para salpicar de muerte, de semillas, la hirviente superficie de las voces de todos los días.

Nunca me he preguntado para qué quiero la eternidad. Cuando sea eterno también seré ciego y sabio, justo y débil… creo que la juventud no es sólo un estado de ánimo… ni la edad sinónimo de sabiduría.